sábado, 21 febrero 2026
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Campeche: de oasis de paz a la violencia del crimen organizado

Agentes estatales de seguridad.
Agentes estatales de seguridad.

Mientras el crimen se apodera del estado, la mandataria va de tumbo en tumbo

Campeche enfrenta un deterioro acelerado, documentado tanto en cifras oficiales como en la vida cotidiana de sus comunidades.

El repunte de delitos de alto impacto en Campeche no solo rompe con la narrativa histórica de tranquilidad, sino que coloca a la entidad ante un desafío estructural que ya no puede explicarse como un fenómeno aislado o transitorio.

Despacho 14

El violento oficio de escribir

Durante décadas, Campeche fue visto por analistas de seguridad como una de las entidades de menor violencia en México: baja tasa de homicidios, mínima presencia visible de grupos criminales y un perfil relativamente tranquilo en comparación con estados del Pacífico o el centro del país. Sin embargo, esa percepción comenzó a fracturarse con vigor entre 2024 y 2025, cuando los delitos asociados a la violencia organizada y al narcotráfico empezaron a tomar cifras e impactos que no se veían en muchos años.

Los datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) revelan que entre enero y octubre de 2025, Campeche experimentó un aumento promedio del 53.7 por ciento en delitos de alto impacto, comparado con el mismo periodo del año previo.

Esto no es una simple estadística: significa que la calma que caracterizaba a la entidad se ha erosionado de manera constante, transformando patrones sociales, de consumo y de violencia directa, con consecuencias que ya se sienten en barrios, colonias y carreteras.

Homicidios dolosos: el canto de sirena del crimen organizado

En 2025, el registro de homicidios dolosos pasó de 76 casos en el mismo periodo de 2024 a 89 casos entre enero y octubre, lo que representa un incremento sostenido de violencia letal.

Más alarmante aún es el dato de que al menos 69 de esas 89 víctimas fueron asesinadas con arma de fuego, una modalidad que en México tradicionalmente se asocia con actividades de crimen organizado, ajustes de cuentas y control territorial.

Durante meses, medios locales documentaron ejecuciones estilo sicarial: hombres emboscados en barrios, disparos en plena vía pública, cuerpos localizados con señales claras de violencia criminal. En mayo de 2025, solo en la zona urbana del estado se contaron 38 homicidios atribuidos a grupos armados, incluidos varios con las huellas de enfrentamientos directos entre bandas rivales.

Estos números, aun cuando parecen menores frente a estados como Guanajuato o Michoacán, rompen con la tendencia histórica de Campeche y representan un salto cualitativo: la violencia ya no es esporádica, sino escalonada y profunda.

Narcomenudeo: cifras que no mienten

El narcomenudeo —el comercio minorista de drogas ilícitas— es uno de los indicadores clave para entender cómo las estructuras criminales se arraigan en lo local. En Campeche, durante 2025 se registraron 331 carpetas de investigación por narcomenudeo, frente a 281 en 2024, lo que supone un incremento del 17.8 por ciento.

Ese crecimiento, sostenido mes a mes, no solo significa más venta de drogas: indica más presencia territorial de operadores, mayor circulación de dinero ilícito y una creciente conflictividad entre células criminales por puntos de venta y rutas de transporte. Las investigaciones Valle vs. Urbanas, por ejemplo, repartieron carpetas por narcomenudeo cada mes del año, revelando que el fenómeno no es un pico aislado, sino una escalada sostenida.

Secuestro y feminicidio: violencia de alto impacto que emerge

Mientras que Campeche históricamente registraba cero o casi nulos casos de secuestro, en 2025 ya se contabilizó al menos un caso confirmado, rompiendo un umbral simbólico de violencia extrema que no se veía en años recientes.

Asimismo, los feminicidios —asesinatos de mujeres por razones de género— subieron de 5 a 9 casos, un aumento del 80 por ciento en el mismo periodo de comparación.

No son cifras altas en términos absolutos si se comparan con otras entidades, pero en el contexto de un estado donde estos delitos eran casi anecdóticos, su crecimiento es dramático y paradigmático.

Percepción social: la inseguridad sube mientras la narrativa oficial se estanca

La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENVIPE) revela que la percepción de inseguridad en la ciudad de Campeche pasó de 46.3 por ciento en 2024 a 57.1 por ciento en 2025. Es decir, más de la mitad de los residentes sienten que su entorno es más peligroso que hace un año.

Este dato es crucial porque no solo refleja hechos criminales: la percepción de riesgo altera comportamientos, restringe la vida pública, hace que comunidades se replieguen socialmente y erosiona la confianza en las instituciones encargadas de protegerlas.

Esa erosión se ve agravada por discursos oficiales que, en ocasiones, han minimizado o relativizado el fenómeno. La gobernadora Layda Sansores ha defendido su gestión con comparaciones hacia otros estados y tasas nacionales, pero la realidad de las cifras locales contrasta con esa narrativa de estabilidad.

Contexto nacional: una guerra sin fronteras claras

El deterioro de la seguridad en Campeche no ocurre en el vacío. A nivel nacional, México ha impulsado operaciones contra el tráfico de fentanilo y otras drogas sintéticas, con incautaciones masivas, miles de detenciones y destrucción de laboratorios, bajo una estrategia que combina inteligencia y acción policial.

Sin embargo, las cifras nacionales esconden un fenómeno dual: mientras algunos delitos han bajado en ciertos estados, otros —como la extorsión o la violencia organizada— se han desplazado o transformado, manteniendo el país en un estado permanente de tensión.

En Campeche, esta dinámica se traduce en una presencia cada vez más marcada de estructuras criminales en los márgenes de la sociedad: delitos menores que sirven de ancla a delitos mayores, y criminales que migran desde satélites urbanos hacia territorios antes tranquilos.

Conclusión: cifras que gritan lo que muchos callan

Campeche ya no es el “oasis” de tranquilidad que fue hace apenas unos años.

Lo que se ve en los números —homicidios, narcomenudeo, feminicidios, secuestros— es un giro estructural de la violencia asociada al narcotráfico y a la delincuencia organizada, que ha penetrado desde las grandes urbes hasta los pueblos y comunidades rurales.

Y aunque los índices todavía no lo colocan entre los estados con mayores tasas de violencia del país, la velocidad de crecimiento de esos delitos es la que debería alarmar a autoridades y ciudadanos por igual: no es una casualidad, sino un patrón consistente de ascenso.

Las cifras son claras:

  • Homicidios dolosos crecieron más del 17% en 2025.
  • Narcomenudeo aumentó casi 18% con 331 carpetas en 2025.
  • Feminicidios subieron 80% comparado con 2024.
  • Percepción de inseguridad supera 57% de la población urbana.

Esto no es una estadística fría: son vidas, hogares y territorios que se resienten con cada número inscrito en una carpeta de investigación.